Cultivo:
El cultivo referido al bonsái viene a ser el conjunto de técnicas y cuidados que le vamos a dar a una planta desde que la conseguimos, ya sea de vivero, recuperada o por cualquier otro medio, hasta conseguir hacer de ella un bonsái. Si lo que vamos a cultivar como tal, es un ejemplar maduro, debemos fijarnos bien en él. Conocer la especie, en este caso, ayuda mucho. Verlo ya desarrollado en su tamaño natural, sea en el jardín o en el monte, ver su altura, la longitud y forma de sus hojas y ramas, etc. pueden ayudarnos a la hora de extraer ideas de cara al modelado de nuestros árboles. En las especies de hoja compuesta como nogales, fresnos, acacias etc. la distancia entre ramas debe ser mayor. En estos casos decantarse por un tamaño pequeño (mame) puede ser un error por el volumen que van a ocupar sus hojas. Debemos, por tanto, contar con este detalle para establecer su altura final. Algunos detalles como los nudos de su tronco, su corteza y conocer cuáles son sus enfermedades más comunes son también cuestiones a tener en consideración. En los ejemplares maduros la corteza y el tronco cambian volviéndose mas claros, oscuros, retorcidos, etc.… y esto debemos conocerlo pues sucede en muchas especies. Si podemos, debemos de fijarnos en su floración y en el tamaño de sus frutos; en fin, todos los detalles que nos puedan ayudar para saber su comportamiento y para tenerlos en cuenta en su cultivo. La observación del tronco hay que hacerla detenidamente, buscando sus defectos y la posibilidad de corregirlos. Es importante conseguir una buena conicidad, pudiendo ser ésta más fácil de lograr si cultivamos el árbol desde joven.
El ápice puede irse sustituyendo por otro brote lateral al que iremos formando como tal. Las heridas que pueda tener, la distancia que separa las primeras ramas de las raíces o la separación entre ellas son cuestiones importantes a tener en consideración antes de comenzar cualquier trabajo. Debemos imaginar cuantas ramas nos quedarían después de un primer modelado.
No todas las especies se prestan a cualquier estilo, es decir, si elegimos cultivar un abedul (Betula alba), muy atractiva por el color blanco de su corteza, debemos buscar estilos como el escoba (Hokidachi), formaciones de varios troncos (Sambon yose), tres troncos (Yamayori), un bosque (yose-ue) entre otros. Serían lo más parecido a su forma natural. Si por el contrario cultivamos un pino debemos de buscar estilos más en consonancia con el " Moyogi", " Bunjin", " Shakan ", etc. Elegir bien el estilo nos facilita luego el trabajo de cultivo además de que el resultado final es muy gratificante.
Las raíces son la parte más complicada ya que, por ejemplo, a la hora de buscar material en los viveros, es una parte que se nos muestra oculta a nuestro examen. Sin embargo hay unas cuantas precauciones que nos pueden ayudar a reducir el riesgo de elegir mal, al menos en la mayoría de las especies. Intentar ver dónde nacen las primeras raíces moviendo un poco la tierra superficial de la maceta, ver si carece de ellas, las tiene muy débiles o a distintas alturas, es algo que se debería de realizar siempre. El árbol puede estar muy desarrollado y, cuando lo vamos a trasplantar, nos encontramos con una raíz pivotante, enrollada en forma de madeja, formando un perfecto lío y, sin embargo, sale por los huecos de drenaje bién dividida. Si la suprimimos, o cortamos parte de ellas, también podemos perder ramas, y esto igual ya no nos conviene tanto. Aunque podamos conseguir raíces nuevas el material tendría que ser de mucho interés, pues el tiempo que necesitamos para cultivar bien esas raíces puede llegar a ser muy largo dependiendo de la especie que sea.
  Teniendo estos detalles en cuenta vamos a trabajar en él hasta conseguir un buen bonsái, primero con nuestra imaginación, de la que a veces hace falta una buena dosis y la ayuda de un dibujo. Los dibujos deben reflejar de donde partimos lo más fielmente posible e ir imaginando su crecimiento adaptado a uno de los múltiples estilos que tiene el bonsái.
Pasamos nuestro árbol a un sustrato (el que sea más adecuado para su especie) y a un contenedor grande o a tierra directamente si el árbol lo requiere. El primer paso para conseguir un bonsái es lograr un buen pan de raíces. Los trasplantes y la poda de las mismas pueden poner en serio peligro ramas ya posicionadas y establecidas indispensables en el estilo del bonsái. Por eso las raíces debemos cultivarlas como otra parte del bonsái, alambrarlas si es necesario y posicionarlas radialmente, a la vez que vamos cultivando la parte aérea, conseguir una buena cantidad de raíces finas que acompañen a las principales y siempre pensando en que en las macetas de bonsái la profundidad está en proporción al grosor del tronco y, en muchos casos, llevan poco sustrato. Deben de tener una cantidad suficiente, no obstante, para alimentarlo, sujetarlo y quedar proporcionarles a su tamaño. Ya con el diseño que hemos hecho, colocamos las ramas alambrándolas. Vigilaremos el alambrado muy de cerca. El árbol, con un abonado de desarrollo, sin estar tan limitado de nutrientes y con mucho mas sustrato, se desarrolla con mucha rapidez. Debemos dejar que las ramas crezcan hasta que logren un grosor proporcional al tronco, luego ya las acortaremos. A medida que ascienden hacia el ápice deben disminuir en su longitud y grosor, pero siempre con el movimiento que requiera el estilo. No deben crecer libremente. Perderemos tiempo después, además de que se nos puede romper alguna al llevarla a su posición. Con la ramificación secundaria seguiremos el mismo proceso: pinzamos los brotes jóvenes antes de que se alarguen demasiado para conseguir un buen acompañamiento y los seguimos posicionando en su sitio correcto. Así hasta que consigamos crear totalmente el bonsái.
Con la defoliación hay que tener cuidado, sobre todo en algunas especies como los pinos. Al defoliarlos debemos hacerlo correctamente, no arrancando las hojas a mechones sino una a una o cortarlas con una tijera. Si arrancamos muchas de una vez se corre el riesgo de pelar la corteza joven que hay debajo, pudiendo llegar a secar la rama o cicatrizar la herida haciendo un antiestético callo, pudiendo no volver a tener brotes jóvenes. Al defoliar debemos respetar la estación en que lo hacemos; de no hacerlo podemos secar ramas o incluso el árbol entero. Debemos defoliar siempre en estaciones de crecimiento, habiendo abonado previamente el árbol para que tenga vigor suficiente. El defoliado implica un gasto de energía suplementario. Defoliamos no solamente para reducir el tamaño de las hojas, sino también para aclarar zonas a donde no llega la luz o para equilibrar su masa .
El pinzamiento de brotes es un buen medio para lograr que el árbol rebrote por otras zonas; lo hacemos quitando con los dedos, a modo de pellizco, o con una tijera fina el par de hojas que están comenzando a desarrollarse, de modo que el brote no se alargue y la distancia entre nudos sea lo más corta posible. Es muy eficaz en casi todas las especies, pero siempre debe de ser realizado en la estación más propicia.
El cultivo no acaba cuando el árbol está listo para trasplantar a su maceta definitiva y continuar así con los trabajos de refinamiento y mantenimiento. El bonsái nunca está acabado. Siempre encontraremos algo mejorable fruto de nuestra inquietud por perfeccionarlo. El bonsái es un árbol que vive con nosotros y, por ello, debemos de preocuparnos de aumentar nuestros conocimientos, sin olvidar que, como ser vivo, tiene unas necesidades y nosotros somos los encargados de cubrirlas. Si un bonsái puede llegar a vivir más años que otro árbol que crece en su medio, es gracias a nuestros cuidados.
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