Trabajo n º 2

Un trabajo con sorpresas por Juan J. Liñares (04/02/2005).

Soy consciente de que a la mayoría de vosotros el contenido de este artículo puede que no os aporte nada nuevo pero, dado que poseía bastante material gráfico, os voy a presentar un trabajo, desarrollado en febrero, sobre un Tejo de vivero. El árbol en sí es propiedad de mi buen amigo José Vázquez Sanluis, quien ha tenido la amabilidad de confiarme su modelado. A pesar de que, en la primera parte de este artículo, pueda parecer que se trate de una especie de demostración "casera", la cosa no va a terminar como cabría esperar, pues se nos han presentado algunas sorpresas.

Es indudable que no podemos pretender encontrar en un Taxus de vivero unas formas tan interesantes, unas maderas tan buenas y unos árboles tan viejos como los que proceden de yamadori. Sin embargo, la imposibilidad para muchos aficionados de tener acceso a este tipo de material, hace que no pocos nos inclinemos por buscar en viveros algún ejemplar al que le podamos sacar algo de partido. No es esta tampoco una tarea sencilla puesto que, la mayoría de las veces, los árboles que podemos encontrar no pasan de ser simples varas totalmente rectas y cilíndricas. A la planta que nos ocupa se la ha visto cierto potencial, lo que hizo que no se dudase en en su adquisición.

En la siguiente foto podéis observar al Tejo antes de ser "tocado".

En la siguiente de las fotografías se ve al árbol desde otro de los lados.

De momento os presento al feliz propietario con su Tejo. Lo de "quedarse de piedra" vendría más adelante.


Como ya os comenté la idea inicial era modelar el árbol. Así que dimos comienzo a los trabajos encaminados a dotar a la planta de un diseño interesante. Para ello se comenzó por eliminar buena parte de la vegetación que tenía y por transformar en madera seca parte de las ramas sobrantes (jines). Además se procedió a eliminar parte de la corteza del tronco principal creando, de este modo, un incipiente shari. En la siguiente fotografía se observa la base del árbol después de estas operaciones.

La base vista desde el otro lado y con una visión un poco más cenital.

Aunque no tengo reparos en utilizar, cuando es necesario, artilugios mecánicos para trabajar la madera seca, siempre que puedo trato de hacerlo con herramientas manuales puesto que el acabado que se consigue es mucho más natural. Sólo haciéndolo de este modo conseguimos romper las maderas siguiendo sus vetas naturales. Con ello se consiguen unas texturas muy difíciles de conseguir con artilugios eléctriocos. Con posterioridad un pequeño "golpe de soplete" nos servirá para elimar las rebabas que nos puedan haber quedado, acelerar el proceso de secado de la madera, dotar de algo de forma a la madera si es necesario e, incluso, dar una cierta coloración base oscura a lo que constituirá la zona seca del futuro bonsai.La utilización de unos alicates de jin (le llamo alicates y no tenazas puesto que creo que se parecen mucho más a los primeros) es algo corriente en este tipo de trabajos.

Los jines ya han sido refinados en buena medida.

PRIMER CONTRATIEMPO:

Me percato, al intentar hacer fuerza sobre una de ellas, de que en la zona de unión de las dos ramas que se habían dejado existe una zona de debilidad, desgajada, antigua, que no había llegado a soldarse de nuevo. Este contratiempo ponía en peligro la viabilidad del proyecto, puesto que en nuestra mente estaba intentar realizar alguna torsión importante. Si se intentaba de este modo corríamos el riesgo de que se nos acabase de desgajar cualquiera de las dos ramas. En la foto no se aprecia , pero la zona problemática queda justo en la unión de ambas ramas, donde hace la horquilla.

Una visión más cercana. Si observais con detenimiento, se puede adivinar la zona a la que se hace referencia porque en el medio del tronco único común, se puede ver, a lo largo, un pequeño labio de cicatrización que, no obstante, no ha sido suficiente para conseguir soldar nuevamente esta zona. Si no se tuviese previsto realizar cambios de dirección importantes en este árbol podríamos dejarlo tal y como estaba, ya que ni a simple vista se notaba la rotura. Sin embargo, no es el caso.

SOLUCIÓN:

Colocar un tornillo pasante de la manera que se muestra en la foto. Con esto aseguramos la zona y evitamos una más que posible rotura. La colocación del tornillo no perjudica en absoluto a la planta. Recordemos en este sentido que la zona interna del tronco está formada por células muertas, la parte viva es la más externa. Lo que sí resulta interesante es utilizar tornillos cromados o de acero inoxidable, con el fin de evitar su oxidación, evitando así que ésta pueda perjudicar a la planta.

Colocando el tornillo.

El tornillo ya está colocado en su lugar. Se ha embutido algo en la corteza de Tejo con el fin de que ésta, en el futuro, termine por recubrirlo completamente. En este sentido se espera un comportamiento semejante al que tendría lugar si podásemos una rama del grosor de ese tornillo. Calculamos que el tiempo que tardará en cubrir por completo esa zona será aproximadamente el mismo que si se tratase de una herida de poda de ese diámetro.

Como se puede apreciar en la siguiente fotografía el árbol estaba plantado demasiado profundo dentro de la maceta. Esto nos dificultaba mucho el modelado. Como ya he comentado, no entraba en nuestros planes la realización de un trasplante, por lo que optamos por una solución a medio camino: sacaríamos el cepellón de la maceta sin desacerlo lo más mínimo, colocaríamos en el fondo de la misma una cama de gravilla fina y luego volveríamos a depositar el cepellón íntegro en su lugar de origen. Con esto preveíamos que el árbol se elevase lo suficiente como para hacernos más cómodo el trabajo.

Así lo hicimos. Sacamos el cepellón entero, pero aquí se nos presento el

SEGUNDO PROBLEMA:

El cepellón era la morada de un populoso hormiguero. Estaba todo lleno de estos Insectos. Ciertamente esto trastocaba un poco nuestros planes.

Sobre la marcha decidimos eliminar el sustrato viejo para desacernos de los inquilinos. Comenzamos a peinar las raíces y surge el

TERCER PROBLEMA:

El sustrato viejo aparece de forma desigual. Hacia el interior la tierra está muy compactada y es de origen arcilloso. Hacia el exterior el sustrato está consituido por turba, lo que denota que ha sido añadida más tarde.

Como podemos observar en la siguiente foto, las raíces funcionales, las que tienen las puntas blancas, estaban todas en la zona periférica. Hacia el interior no se percibía ninguna. Más tarde comprobaríamos como, las que crecían en la zona apelmazada de naturaleza arcillosa, se habían podrído.

CUARTO PROBLEMA:

Aparición de bastantes larvas, posiblemente de gorgojos, entre el sustrato.

QUINTO PROBLEMA:

Aparición de una maceta de rejilla embutida dentro del propio cepellón. Esta rejilla era necesario que fuese eliminada en su totalidad.Fué una labor ardua que duró bastante más de una hora. Con mucho tino se fueron recortando pequeños trozos con el fin de proceder a su completa eliminación. Esta rejilla era la que originalmente contenía el sustrato arcilloso que ahora se había compactado y dificultaba la supervivencia del árbol.

La siguiente fotografía nos muestra la parte inferior del cepellón y, en ella, se puede apreciar claramente el diferente color y textura de los dos tipos de sustrato, arcilloso en el interior de la rejilla y compuesto basicamente por turba en la zona periférica.


La rejilla poco a poco va quedando al descubierto.


Aunque el proceso de eliminación de la maceta interna fué realizado de una forma bastante cauta, en algunos momentos no hubo más remedio que recurrir a técnicas, digamos, que más drásticas.


Por fin el cepellón ha quedado al descubierto. Fijaos en el bulto que aparece en la parte superior. De él partían varias raíces que estaban totalmente podridas y que hubo que eliminar. A partir de ahora constituirá una parte importante del nuevo diseño que se le dé al Tejo.


A continuación dimos comienzo a la eliminación de la corteza en las zonas que iban a constituir la parte de madera seca del bonsai. Para ello trabajamos con un taladro al que se le ha acoplado un cepillo de cerdas de alambre. Este paso habitualmente lo realizo con una herramienta del tipo de la Makita o de la Dremel, dependiendo un poco del tamaño del árbol. En este caso, dado que trabajaba en el garaje del propietario del árbol y que esta operación no entraba dentro de nuestros planes el realizarla, nos vimos obligados a apañarnos como pudimos. De todos modos el taladro respondió bien y no hubo mayor contratiempo.


Esa parte que estoy cepillando en la siguiente instantánea es el bulto que antes formaba parte del cepellón.


La potencialidad de esta "filigrana" comienza a ser evidente y, en la foto siguiente, parece recordarnos la forma de una cabeza de perro (¡hechándole algo de imaginacion, claro!).


Para conseguir eliminar el máximo de corteza del interior de los intersticios de la "filigrana", hubo que recurrir a herramientas tales como la gubia con forma de guadaña que se puede ver en la fotografía inferior.


El siguiente paso ha sido el concienzudo lavado del sistema de ráices con el fin de eliminar cualquier posible resto de sustrato antiguo. Dado que se ha utilizado agua a presión, esto nos ayudaría también a eliminar radicalmente cualquier posible parásito que pudiese quedar entre las mismas.


A continuación se espolvorearon hormonas de enraizamiento sobre las raíces, procurando que quedasen extendidas de una forma más o menos homogénea.


A continuación se procedió a la plantación del Tejo. Ya he repetido en varias ocasiones que este es un trasplante que no estaba previsto. Debido a esta circunstancia no disponíamos ni de la maceta ni del sustrato adecuados. Todo lo improvisamos sobre la marcha. La maceta es la misma que la que tenía al comienzo, sólo que le hemos recortado la parte superior con el fin de hacerla menos profunda. El sustrato se ha preparado exclusivamente con akadama y arena de sílice gruesa. De haber previsto el trasplante, aparte de una maceta más adecuada (que eso es lo de menos, de momento) nos húbiésemos procurado greda volcánica, pues todas las experiencias que se están haciendo con yamadorís de Tejo, parecen confirmar que es un sustrato del todo idóneo para esta especie.


El sustrato ha sido introducido entre las raíces de forma meticulosa. Para ello se utilizaron palillos de bambú. Es muy importante dedicarle algo de tiempo a esta tarea para evitar, en lo posible, la formación de bolsas de aire que nos puedan hacer peligrar la vida de algunas raicillas.


En la siguiente fotografía podéis ver la base del árbol una vez que el sustrato ha sido regado. Fijáos en la bonita tonalidad roja que adquiere la corteza del Tejo cuando es cepillada y mojada. Aunque en este ejemplar el cepillado se ha hecho de una manera un tanto burda, dado que todavía está en fase de cultivo, en un ejemplar "acabado" es una técnica que puede realzarnos muchísimo el valor estético y visual del conjunto. Para conseguir que el tono rojo se conseve durante un periodo de tiempo más o menos largo, en vez de utilizar agua, se suele aplicar una capa fina de aceite.


El trasplante ha finalizado. Aquí se termina la historia, al menos de momento.

Me imagino que muchos de vosotros habréis quedado defraudados por el final que ha tenido este trabajo. Sin embargo me ha parecido interesante mostrar, en un sólo árbol, muchos de los inconvenientes con los que nos podemos encontrar cuando trabajamos como material de vivero y sus posibles soluciones.

Tras la finalización del trasplante tanto el propietario del árbol como yo decidimos dejar a la planta sin modelar. Esperaremos, como mínimo, un año o dos antes de hacerlo. El castigo al que fué sometido ha sido importante y su viabilidad estaría en entredicho si nos hubiésemos aventurado a modelarlo después de estos estresantes trabajos. En Bonsái la paciencia es una virtud y hay que saber esperar. Ya llegará su hora. De momento os cuento que el árbol se recupera poco a poco de las tropelías a las que lo hemos sometido. Tardó bastante tiempo en arrancar en primavera, pero finalmente lo hizo, aunque no con la vitalidad que tendría si no se hubiesen presentado los problemas comentados. Precisamente por ello, cada día estamos más seguros de que la decisión de no tocarle más, de momento, ha sido la adecuada. Y esta es otra cosa con la que me gustaría que se quedasen, sobre todo, los más noveles, puesto que muchas veces se pierden árboles por no respetar los ritmos y los tiempos necesarios entre intervenciones. Vuelvo a repetir que, en Bonsai, la paciencia es una virtud muy importante, tal vez más de lo que muchos creen. A nosotros nos preocupaba la salud del árbol y, por ello, obramos del modo en que lo hicimos. Hubiese quedado muy bonita ahora una foto del árbol totalmente modelado, pero toca esperar.

Por cierto que el Tejo, para su correcta recuperación, se ha colocado bajo una malla de sombreo. Aún cuando están vigorosos a los Tejos no les entusisma el Sol directo, a pesar de ser una Conífera. Suelen reaccionar amarronando las hojas. Y lo que es más curioso, a pesar de que viven en zonas de alta montaña, tampoco soportan demasiado bien las heladas fuertes y prolongadas, pues en el invierno suelen ser sepultados por capas de nieve que impiden que la temperatura descienda tanto como cuando ocurre una helada dura.

La posición y ángulo de plantado del árbol tampoco son los adecuados, como podéis ver en la última foto. De hecho la rama más baja, salta a la vista que está situada de una forma totalmente horizontal al suelo. Se corregirá en el futuro pero, de momento, hemos preferido plantar al Tejo en la mejor posición de enraizado, no para su lucimiento.

Espero que esta experiencia os haya resultado ilustrativa, al menos a unos pocos. A los que no perdonadme el tostón.