| Trabajo nº 3 |
Una demostración de Gabi Romero en el I Congreso Gallego de Bonsai (17/06/2007). "LA SABINA DEL BARREÑO COLORADO" (Texto y fotos: Juan Liñares)
Coordinado por Fernando Blanco el Congreso tuvo uno de sus puntos de máximo interés en la presencia del maestro Gabi Romero, sin duda uno de los mejores embajadores que el bonsái español tiene en la actualidad y buena prueba de ello son los diversos galardones con los que ha sido reconocido su trabajo. Podríamos definir a Gabi como “el hombre tranquilo del bonsái español”. Sin grandes aspavientos ni afán de protagonismo se ha hecho un hueco importante en el panorama del bonsái nacional. Y es que Gabi no sólo conquista al aficionado a través de su magnífico trabajo, que también, sino porque transmite una sensación de paz y de sosegada tranquilidad muy difícil de ver en otros “divos” del bonsái. Sin duda estamos hablando, no sólo de un gran maestro, sino de una mejor persona. La demostración que vamos a exponer tuvo lugar sobre un yamadori de Sabina rastrera (Juniperus sabina) propiedad de Juan Gil, a la sazón actual presidente del Club Bonsái de Vigo. Tras su recolección el árbol había sido plantado en un barreño de plástico cuyo color ha inspirado el título del presente artículo. Estaba plantada fundamentalmente en greda volcánica y llevaba un par de años recuperándose del stress sufrido.
Antes de ponerse manos a la obra Gabi se dedicó un buen rato a observar la planta desde todos los ángulos. Tomarse el tiempo necesario para decidir como encauzar el trabajo es algo fundamental ya que con nuestra actuación marcaremos de forma irreversible el futuro del árbol. No es cuestión de precipitarse ya de entrada.
Tras esta primera inspección concluyó que la sabina se encontraba demasiado enterrada en el sustrato y que la primera operación que era necesario acometer consistiría en descubrir la base de la misma. No es nada recomendable ponerse a modelar un árbol sin tener una idea clara de cómo es su base. Por ello, en casos como este en los que el inicio del nebari permanece oculto, lo primero que se impone es ponerlo al descubierto para luego poder decidir con más elementos de juicio cual será el mejor diseño para el futuro bonsái. Con paciencia y utilizando un palillo de bambú Gabi fue poniendo al descubierto el verdadero arranque del árbol que, por suerte, venía a mejorar mucho lo que estaba inicialmente a la vista.
Una vez que sabemos con que base contamos es hora de comenzar a pensar en como se va a diseñar el árbol. En este caso Gabi sugirió que sería bueno levantarlo para poner de manifiesto el buen arranque encontrado a la vez que evitamos la excesiva horizontalidad que el ejemplar manifestaba en su primigenia posición de plantado.
Tras la elección del frente y ángulo de plantado se constató la existencia de un muñón en la parte superior de la sabina que todavía conservaba algunos brotes verdes. Gabi consideró que lo mejor era trabajar esta zona como madera seca, para lo cual debería, primeramente, eliminar la vegetación todavía existente en esta zona.
A continuación tocaba limpiar la madera muerta, tanto la de reciente creación como la preexistente en el árbol. Para ello el maestro utilizó diferentes herramientas manuales, pero lo que más le ayudó en este trabajo fue una simple navaja. Con ella iba despegando los trozos de corteza muerta todavía adheridos sobre la madera. También le fue de mucha utilidad en la eliminación de las gruesas placas de corteza que recubren la bonita ectodermis de la sabina. Esta es la manera de proceder para que tanto la madera muerta como las venas vivas pongan de manifiesto toda su belleza escondida.
El contraste de color entre la madera muerta que poseía el árbol y la recién creada se pone de manifiesto cuando ambas aparecen juntas, como se puede ver en la imagen siguiente. En las zonas de difícil acceso Gabi utilizó una gubia inversa de tallista. Este tipo de gubias son muy cómodas tanto para acceder a zonas difíciles como para crear oquedades en la madera según nos convenga. Son más fáciles de utilizar que las convencionales puesto que su correcto manejo consiste en tirar hacia atrás, al contrario de las demás en las que se empuja hacia delante. Este detalle sin aparente importancia tiene dos importantes ventajas: por un lado ofrece un control mucho mayor sobre el trabajo que se esta desarrollando y, por otro, es más seguro para la integridad física de nuestras propias manos.
Una de las principales características del trabajo de Gabi Romero es su minuciosidad, su pulcritud y su atención al detalle. Esta manera de hacer bonsái quedó plenamente demostrada tanto en el mimo con el que trabajó la madera como en el tiempo invertido en dicha operación: más de la mitad del tiempo que duraba la demostración fue dedicada a esta operación.
Poco a poco iban quedando al descubierto los innumerables detalles de la madera que otrora habían permanecido secretamente ocultos a miradas indiscretas.
Una vez terminado el primer trabajo severo de madera seca era el turno de comenzar con la parte verde de la planta. En este sentido la primera decisión que tomó Gabi fue la reducción de la longitud total de la misma eliminando, para ello, una buena tercera parte de la masa verde.
El volumen de copa que se conservó hacía pensar, como así se confirmaría poco después, que el tiempo necesario para el alambrado y posterior modelado no había de ser excesivo. La masa verde había sufrido realmente una importante reducción.
Tras la poda de la parte final de la sabina el siguiente trabajo a acometer era, precisamente, tratar de disimular la zona de corte. Para ello se utilizaron una podadora y un alicates, herramientas manuales que, mediante un cuidadoso desgajado de las fibras de madera, habían de dar un resultado muy natural.
El resultado fue la creación de un jin de apariencia muy delicada y natural.
A continuación dio comienzo la fase de alambrado que, por cierto, no se prolongó demasiado en el tiempo. Se inició la misma con la colocación de unos gruesos alambres sobre las ramas de mayor diámetro, que permitirían mantener la forma de las mismas una vez modeladas.
Conforme avanzaba el proceso de alambrado Gabi iba utilizando, cada vez, calibres más pequeños de alambre, hasta terminar con el de 1 y 1´5 mm. para las ramitas más pequeñas.
Tras el alambrado de todo el árbol comenzó la fase de modelado y colocación de cada grupo de follaje.
El resultado final de la demostración de Gabi Romero dio lugar a una sabina con el tronco inclinado, en la que toda la masa verde se descolgaba por uno de sus laterales a modo de cascada. Los grupos de follaje fueron dispuestos como peldaños que iban ascendiendo desde el punto más bajo hasta el ápice. Lamentablemente la posición de plantado en el contenedor no permite distinguir a la perfección el resultado final del trabajo de Gabi que, sin duda, fue mucho mejor de lo que las fotos permiten adivinar.
Finalmente el autor y su obra posaron para la posteridad a petición de los presentes.
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