| Trabajo n º 5 |
El Junípero de Choumi por Juan Liñares y José Crusat “Choumi” (30/06/2007). Ocurre muy a menudo que la premura por conseguir un material apto para una demostración choca frontalmente con el objetivo de que éste, además, posea una calidad fuera de toda duda. En muchas ocasiones deberemos de conformarnos por modelar plantas mediocres o, como en el caso que pasamos a relatar, plantas que suponen un reto para el aficionado. La presente demostración se ha llevado a cabo en el marco de la II Exposición de Bonsái Ayuntamiento de Caldas de Reis (Pontevedra), encuadrada en el programa de actividades del festival “Cultura Quente”. La planta que se iba a modelar provenía de vivero y fue localizada por Choumi en una de sus frecuentes visitas a uno de ellos. El material tenía ciertamente un calibre importante y un número de ramas que, en la mayoría de los casos, podría resultar suficiente para realizar un modelado “ortodoxo”. Sin embargo, en este caso, nada más lejos de la realidad. El árbol tenía varias ramas de considerable grosor que se habían secado, dando lugar a unos muñones bastos que sería del todo imprescindible trabajar para que el resultado fuera, cuando menos, creíble. Además la disposición de las ramas planteaba numerosos interrogantes sobre cual había de ser el mejor diseño para el ejemplar. De este modo la masa verde estaba toda ella localizada hacia un lateral, en una posición que podríamos calificar de intermedia si tenemos en cuenta la altura inicial de la planta. Si a todo esto añadimos que poseía algunas ramas que por su grosor no iban a dejarse manipular fácilmente y que, en algunos casos, tenían la brotación muy alejada de la base, tendremos ya los elementos necesarios para darnos cuenta de que deberíamos de recurrir a unas buenas dosis de imaginación y técnica para conseguir sacar del Junípero un resultado medianamente aceptable.
A falta de una mejor instantánea del árbol en solitario la foto de arriba da fe de las características del material, a las que nos acabamos de referir. Una de las primeras tareas que se debe acometer antes de comenzar el proceso de modelado es poner de manifiesto la base del árbol o, lo que es lo mismo, buscar un nebari que nos pueda servir de punto de partida para la realización del resto del trabajo. En árboles como este, que están plantados en macetas de plástico, suele recurrirse a cortar un anillo de la citada maceta tanto para trabajar con una mayor comodidad como para que la planta no se vea enterrada y cobre un mayor protagonismo la base de raíces que se espera encontrar.
Una vez extraído el anillo de la maceta queda al descubierto parte del cepellón del árbol, quedando patente la gran cantidad de raicillas finas que posee la planta.
Este hecho es fundamental ya que nos facilita enormemente el trabajo de limpieza de la base del árbol. Armados con unos palillos de bambú y unos garfios se va eliminando la capa superficial de hierbajos, hojarasca y turba. Nuestro objetivo es encontrar unas primeras raíces fuertes que nos permitan establecer con claridad cual es el verdadero comienzo de la planta.
Naturalmente no hay una demostración que se precie sin la presencia de un buen “speacker”. En este caso ha sido nuestro compañero José V. San Luis el que se ha encargado de comentar el trabajo, a la vez que hacía más amena la demostración con el relato de numerosas historias zen de las que es un amplio conocedor.
Poco a poco se va descubriendo la base del árbol. Desprovisto de la capa superficial innecesaria y recortada la maceta de plástico por segunda vez, puede comprobarse como se ha reducido drásticamente el volumen útil del cepellón. Ahora ya es mucho más manejable y fácil de transportar.
Con la ayuda de una tijeras de aros grandes vamos eliminando todas las raicillas muertas y demasiado finas que van apareciendo en la parte desenterrada. En muchas ocasiones podemos encontrarnos también, como en el caso que nos ocupa, con una rejilla interior de plástico, útil en su día para mantener la compacidad del cepellón pero que ahora es del todo necesario eliminar concienzudamente.
Una vez que se tiene el nebari descubierto da comienzo el modelado propiamente dicho. En esta ocasión el trabajo inicial sería el de reducir los largos tocones preexistentes. Con la ayuda de una sierra se recortan a la longitud apropiada. Posteriormente serán esculpidos.
Una vez las ramas secas han sido reducidas a la longitud deseada comienza la fase de tallado de la madera. Para este trabajo nos hemos decantado por realizar una labor totalmente manual, apoyados por un buen surtido de gubias, mazas, descortezadores, cuchillos, etc.
El tallado manual da un acabado muchísimo más natural que el mecánico. Se ponen al descubierto las vetas propias de la madera y detalles que, de trabajar con herramientas eléctricas, pasarían desapercibidos. De todos modos el tallado de madera con maquinaria puede dar, a la larga, un resultado muy creíble si se le da tiempo a la propia madera para que envejezca naturalmente. Para ello recomendamos que no se trate la misma con ningún producto conservante durante, al menos, el primer año después de haber sido tallada. Por desgracia la presencia de la lluvia deslució en parte el acto. Sin embargo la organización tuvo el detalle de aportar una carpa portátil para que pudiésemos seguir trabajando sin mojarnos. Las que realmente lo pasaron peor fueron las personas que asistían a la demostración, aunque en algunos casos la precaución de traer de casa unos buenos paraguas hizo que pudiesen seguir el acto aunque, eso sí...con cierta incomodidad.
El proceso de tallado duró toda la mañana, que era el tiempo estipulado para realizar toda la demostración. Todavía quedaba el modelado de ramas por realizar, por lo que se tomó la determinación de retomar el trabajo tras el almuerzo, cosa que, en principio, no estaba prevista. En las dos fotos de abajo se puede apreciar el estado final en el que ha quedado la madera seca después de haber sido tallada.
Lo que realmente hace atractiva la madera seca son esos pequeños detalles que pueden verse a lo largo de toda ella. Si las fotografías anteriores mostraban una visión global de la misma las que ahora siguen nos dejan ver esas particularidades que tanto admiramos los aficionados al bonsái.
Cuando llegó la hora de modelar la masa verde había varias opciones que se podrían haber seguido. En alguna de ellas se contemplaba la posibilidad de variar el ángulo de plantado del árbol para que adquiriese un mayor grado de movimiento. Finalmente se decidió modelarlo en su posición primitiva, acentuando, de este modo, la rectitud y tendencia vertical del tronco. Las ramas se modelarían agazapadas entre la madera muerta. El árbol que se trataría de representar sería un ejemplar muy castigado, tal vez por la caída de algún rayo o bien por los devastadores efectos de algún incendio. En cualquier caso el árbol habría sobrevivido manteniendo una vena viva que alimentaría una masa verde reducida. Como si del ave Fénix se tratara este árbol nos cuenta una historia de resurgimiento, de supervivencia ante la adversidad.
Como ya se comentó anteriormente, algunas ramas tenían casi todo el verde alejado de la base. Además eran de un grosor que podríamos calificar como importante. Para dotarlas de movimiento y tratar de acercar el follaje al tronco no había otra solución que enrafiar fuertemente y alambrar con calibres gruesos de cobre. De otro modo no sería posible darle la forma proyectada, al menos en el tiempo en que dura una demostración.
Efectivamente, si se trabaja en casa y sin premura de tiempo, sería posible “montar” una nueva estructura de ramas a base de injertos. Incluso se podría aprovechar este hecho para mejorar la calidad del follaje de la planta, que en las variedades destinadas a jardinería no suele ser el más apreciado en bonsái. No obstante, el hecho de que al finalizar una demostración el resultado deba de ser medianamente aparente, nos obliga a cambiar el sistema de trabajo. En este caso incluso se ha tenido que desgajar una rama, abriéndola por la mitad, para poder repartir mejor el follaje. Para ello se ha utilizado una cuchilla de injertos y una tenaza fisuradora de jines. A continuación las dos partes resultantes fueron también fuertemente enrafiadas para evitar roturas y desprendimientos de corteza que pudiesen poner en peligro la viabilidad de cada una de las dos subramas resultantes. Lamentablemente no se dispone de una buena toma para poder observar este detalle, pero fijándonos en la fotografía que sigue, basta decir que la mitad de la rama que está siendo enrafiada es la que permanece escondida a la vista del observador. El inicio del enrafiado se puede comprobar como se ha iniciado cerca del tronco, aunque poco después da la impresión de que éste desaparece debido al mal ángulo en el que ha sido tomada la fotografía. Posteriormente la segunda subrama, cuyo extremo es el que se ve levantado en posición vertical, también habrá de ser asegurada con rafia.
A estas operaciones le sigue la colocación de alambre en todas las ramas del Junípero con el fin de poder darle a cada una la forma deseada. Se ha utilizado en todo momento alambre de cobre ya que, aparte de resultar más discreto que el aluminio, resulta más adecuado para este tipo de árboles y mantiene mejor la posición de las ramas. Además está el hecho de que con calibres más finos conseguimos el mismo efecto que con el de aluminio de diámetros mayores. Los brotes más tiernos se han dejado sin alambrar para no someter al árbol a un mayor stress y también, como no, para no hacer interminable la demostración. La fotografía que viene a continuación muestra como ha quedado finalmente el Junípero. Evidentemente le falta mucho trabajo para llegar a ser un bonsái. Las masas de verde tienen que compactarse y definirse en mayor medida. También la madera seca debe de madurar. Posteriormente una maceta acorde con el estilo del árbol logrará destacarlo debidamente.
Naturalmente la imagen del árbol en la anterior instantánea se ve un tanto pobre y está lejos todavía de lo que se tiene en mente para él. Por ello se adjunta un boceto de lo que se espera conseguir de la planta en el futuro. Como se puede observar en el mismo se trataría de conseguir la imagen de un árbol maduro, poderoso, que no se ha doblegado ante las adversidades que le han tocado vivir. Nos cuenta una historia de tenacidad, de resistencia, de resurgimiento y, en definitiva, de la constante lucha que se libra cada día en la naturaleza entre la vida y la muerte.
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